sábado, junio 06, 2026

En medio de la guerra del cártel, los trabajadores funerarios cargan con el dolor de Sinaloa

Nacional

Cuando Ramón Soto llegó a la escena del crimen, el hombre herido se retorcía, ensangrentado, apenas con vida. Una mujer que estaba cerca se desplomó de rodillas, llorando. En el suelo había un letrero con la advertencia de un cártel de la droga: “Ya saben quiénes siguen”.

Sin embargo, Soto no mostró ningún signo de emoción en su rostro cuando el hombre dejó de moverse. Tras afirmar que el hombre había fallecido, le preguntó a la mujer que sollozaba si era de la familia y si necesitaba servicios funerarios.

 

Para una tranquila fraternidad de trabajadores funerarios del estado mexicano de Sinaloa, cada día comienza y termina con la muerte. Pero lo que antes era una profesión digna, dicen, guiar a los afligidos a través del desconcertante laberinto que sigue a un fallecimiento, ahora los coloca en el centro de la carnicería que envuelve a su estado.

Las facciones enfrentadas del Cártel de Sinaloa, uno de los grupos criminales más poderosos del mundo, compiten por el control de su imperio multimillonario. El gobierno mexicano, bajo la intensa presión del gobierno de Donald Trump, también ha iniciado una agresiva campaña contra el cártel.

La batalla ha sembrado el caos en el estado, dejando más de 1900 muertos y 2000 desaparecidos en el último año, según datos oficiales.

Para los apenas 30 trabajadores de las funerarias de Culiacán, la capital del estado, el negocio de transportar a los muertos, ya sean miembros del cártel o personas inocentes atrapadas en medio, nunca había estado más ajetreado, ni había sido más difícil de soportar.

“Convivo con la muerte todo el día, todos los días”, dijo Josué Nahum García, empleado de la funeraria San Martin. “No solo la veo todos los días, sino que la siento, al ver el dolor y las lágrimas de las familias que han perdido a sus familiares”.